viernes, 19 de mayo de 2017

Quimera



No era posible que existiera…, pensé.

No que no existiera la belleza,
pero es que son tan pocas las que oprimen
como una mano en la garganta…
Fue una aparición tan magnetizadora
que todos nos sentimos extraños:
una mujer, contoneando sus curvas,
entró en el ascensor
a la manera que un ángel entra en los sueños.
Imantados en su campo de atracción,
nadie podía sustraerse de mirarla.
Horizonte y frontera de otra realidad,
horadó con su hermosura
todo el ruido de nuestras conversaciones.
Y, en medio del silencio, de repente,
inopinadamente (¿quién podía esperarse algo así?),
expelió una ventosidad
                     que hizo añicos la quimera.

En verdad, no era posible que existiera…

jueves, 27 de abril de 2017

Paralizado entre el miedo y la nada



Si no te dije nada fue
para no arrepentirme de mi osadía,
por eso no te dije nada;
por eso luego me arrepentí,
por no haberte dicho nada,
por mi cobardía.
Palabras que van al limbo
de las palabras nunca dichas;
o si dichas, clandestinas,
dichas cuando nadie te escucha.

Alguien alzó una muralla infinita
en el centro de mis designios:
a un lado el pensamiento y al otro la voluntad,
quedando ambos condenados
al distanciamiento perpetuo.

Todo lo que pude conseguir
no sé lo que fue: nunca estiré los brazos
para ver qué podía alcanzar;
siempre con la carencia de las decisiones no tomadas,
con el miedo anticipado al fracaso,
mientras los días, inmóviles, corren a gran velocidad.

Congelado en el fuego de una pasión estática,
me oculto tras de la noche.
Allí, en el anonimato que ella me concede,
formulo mis nuevos propósitos, mis valentías a deshora,
hasta que viene el sueño,
ese hueco entre las determinaciones nocturnas
y la quimera en que se convierten al alba:
convicciones vaporosas, voluntades hechas de niebla
que se disipan a la luz del día.

Todo esto, confesiones que no consuelan
más de lo que dura pensarlas.
Y diría tantas cosas…
Pero me quedo callado,
paralizado entre el miedo y la nada.

martes, 11 de abril de 2017

Gota a gota



La vida es como esa taza de desayuno
que coges todos los días
y que, sin saber uno cómo,
se te escurre y queda hecha pedazos.
Así rompiste tú, con tus manos torpes,
la fragilidad de la alegría, consumiste
toda la luz que había dentro de su luz
y quedaste retenido en este umbráculo
de la desgana y el tedio, pasando
a formar parte del grupo de los extraviados,
de los extraviados siempre en cualquier sitio,
de los marineros perpetuamente en tierra
y sin embargo bogando entre aguas desconocidas,
perdido en la espesura de un bosque sin árboles,
abismado en los confines de estar vivo.
Desconfías ya de todo y todo te parece inútil
en su utilidad: los años te han ido enseñando
que nada se aprende con los años.
Es la sagacidad de tu instinto, que te advierte
del error siempre seguro. Gota a gota
se desangra tu cuerpo y se va agrandando el vacío.

domingo, 26 de marzo de 2017

Playa de otoño



Un verano fugaz
que sólo duró hasta septiembre.
No lo vimos llegar
y pasó sin despedirse.
Nos lo debimos beber
de un sorbo.

Y supongo que fue parecido
a tantos otros,
con un sol imperioso
llenando las playas de gente,
la inmovilidad de los días
(días de luz extensa)
bajo su tiranía de calor,
alguna que otra tormenta
palideciendo la alegría de los bañistas,
tardes de agradable melancolía
y noches de ensueño…

Escribo estas letras desde una playa vacía,
abandonada ya
a la suerte del otoño;
una playa que tiene algo de cine clausurado,
en el que ya se proyectaron
las escenas aquí rodadas.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Silencio perpetuo



Estoy insomne en el vértice de la noche
y un ángel - ¿quién sabe si un demonio? -
aletea silencio sobre la ciudad dormida.
Su susurro, sus palabras incomprensibles,
extienden más negrura en lo hondo de lo oscuro,
en su quietud vertiginosa, en su verdad inhóspita.
No es más que el indicio de la perfección de su mutismo,
de cuando llegue la muerte y borre cualquier atisbo
de eco o sonido y reine el silencio perpetuo,
sepulcral, inexorable, de no existir.

jueves, 16 de febrero de 2017

Adquiere el libro Desasido de todo


Desasido de todo
Letras Cascabeleras, 2017

La Asociación Cultural Letras Cascabeleras publica mi poemario Desasido de todo, ganador del tercer premio en el II Concurso Literario que convoca esta entidad.
El precio del libro son 6 euros, y puede adquirirse escribiendo al correo de la editorial (letrascascabeleras@gmail.com) o directamente a mi correo:
fondodevidadifuminado@gmail.com.

En él encontraréis poemas como éste:

EL LATIDO DE LA LUZ

No tiene memoria la luz; no recuerda
si ayer fuiste infeliz o plenamente dichoso.
Siempre es primera, inocente, original
en su pureza. Por eso, cuando estés triste,
déjala que se enrede en tus manos,
que ilumine tus ojos. Yace sin memoria
como el primer día que llegaste aquí, a esta vida
de este mundo del que lo desconoces todo.
Deja la coyuntura a su deriva,
que se hace sola; no lloverá menos
por más que tú analices. Que te perdonen
el yerro de tu ignorancia al disolverte
por completo y sin recelo en la limpidez
del latido inconcuso de la luz.


viernes, 10 de febrero de 2017

Destino



Encerrados en el espacio impreciso que hay
entre el futuro que no existe
y el presente que huye en busca de lo pasado,
sin otra alternativa que condescender
a la frivolidad de tus caprichos,
vamos franqueando las trampas
en el desconcierto de tu laberinto sin salida,
a sabiendas de la imposibilidad de hurtarse a tu red,
de zafarnos de los hilos
con que nos juegas a marioneta
con tus manos siempre peligrosas (letales, a veces).
Nadie lleva tus riendas
y tú te diviertes maquiavélicamente:
somos las fichas del azar que te entretiene.
Nos señalas direcciones con tu brújula desnortada,
nos zarandeas con el ímpetu de tus arrebatos
y, en ocasiones, nos dejas yacer en el hastío.
Acabar contigo es quimera, porque abatirte
será abatirnos, y ése habrá sido también nuestro destino.